Tengo el corazon contento, lleno de alegria. Era una canciôn vieja, pero que bien suena.
Me lo lleno Dios sin q yo me diera cuenta, en tan solo un fin de semana.
Reconozco q aveces el sentirme infeliz es mi obsesiOn, y pierdo el tiempo en relaciónes obsoletas q desgastan mi energía.
Es como si hubiera descubierto la mermelada màgica con las mismas propiedades de la fuente de la juventud, mezclada con manzanas de vida eterna, y la estuviera ofreciendo en una mesita adentro de un supermercado.
Quizàs la culpa me invite a perseguir el dolor.
Pero hoy no. Dejé los mercados atrás.
miércoles, 20 de octubre de 2010
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